¿Por qué cantamos?
Si las almas están rotas y los ríos secos y los ojos cerrados y las piernas cansadas, ¿por qué debemos cantar? Porque el corazón aún late y las lluvias llegan y la mirada brilla y los pasos son más firmes si alguien va a la par. Es que aún hay esperanza. Aquello que dicen algunos: “es lo último que se pierde.”
Enemiga del silencio, la esperanza renace en cada golpe, en cada intento de asfixia, en cada bocanada de aire puro y joven. Se grita a sí misma, no calla jamás. Tiene la constancia del pulso, porque existe mientras hay vida.
Algunos, muchos, se encargan de describirla y de documentar su presencia en los hechos de la historia; otros tantos la inventan y le dan entidad en la ficción. Así, la esperanza transita por el maravilloso mundo de la literatura, donde se imprime fuertemente sobre las blancas hojas del silencio para no morir jamás.
Es en este sentido que el escritor mexicano Juan Rulfo en su cuento “Nos han dado la tierra”, recupera este sentimiento no sin antes describir un pesar casi inacabable, una angustia insoslayable, un camino eterno hacia lo que promete ser la nada. Esas son las sensaciones que invaden al lector cuando se introduce en la narración.
Los campesinos peregrinan al sol en pleno desierto, invadidos por la sed del territorio dado, pero no hallan más que la aridez del llano. Sin embargo, transitan juntos y no se pierden. Van mirando hacia adelante y aún en ese paisaje decadente y en ese fin existe la esperanza. Con la tristeza de la desilusión pero con la grandeza del oprimido, uno de ellos decide seguir y dice: “La tierra que nos han dado está allá arriba”. Así termina, no podría ser de otra manera. A pesar de estar subsumido en el pesimismo de la época, Rulfo no puede dejar de plasmar su mirada latinoamericanista y esa tendencia hacia la resurrección inexplicable.
No hay duda entonces: a pesar de la realidad tirana que sofoca, excluye y subyuga, se puede construir un escenario donde los nortes sean otros. Siempre y cuando haya alguien con quien compartir la mirada y con quien tender redes.
Cantemos porque, así, la esperanza ineludiblemente renacerá.
Marien Chaluf
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